viernes, 27 de enero de 2017

¿Qué les pasa a todos allá afuera?

Estos días, hemos estado sufriendo catástrofe tras catástrofe, infinidad de imágenes y testimonios sobre los incendios que han destruido ciudades, pueblos, casas, familias. Todos sensibilizados por la tragedia, han comenzado a reunir insumos para enviar a los lugares más afectados en el sur de Chile.

Y mientras tanto, acá en la capital, cada uno tratando de hacer sus cosas en el escaso tiempo que la vida citadina nos deja para esparcimiento y descanso.

En una de esas, me pilló la vida, tratando como fuera de llegar a tiempo a mi clase de idiomas. Una clase a la que NO puedo llegar tarde, porque me dejan fuera si lo hago. Ya me había tocado un taco, busqué otra calle menos transitada pero ay, un señor quería entrar al supermercado y esperaba con paciencia a que otro auto le desocupara el espacio que necesitaba; eso con una fila de 5 autos detrás, yo siendo el auto 5. Me entró la desesperación, y cometí EL error.

Toqué la bocina, haciendo sentir mi angustia. Esquivé un grupo de peatones que pasaban, para hacerle el quite a la fila de autos ya que esa calle tenía dos pistas. Ay.

Del auto 4 sacan brazos empuñados, profiriendo palabrotas con gestos amenazantes. Un par de peatones le pega golpes a mi auto.

¡Y yo lo único que quería era arrancar! Ni siquiera estaba enojada, lo mío era angustia. La misma que me hizo salir soplada de esa respuesta de estas personas, porque sentí mucho miedo.

Por suerte pude llegar a tiempo, pero al volver al auto tuve miedo de nuevo, pensando que alguien me estaría esperando para agredirme. Esperé, haciéndome la que veía mi celular, que un grupo de personas que caminaba por allí pasaran y se alejaran. Miré hacia todos lados.

Un montón (no pocas) de veces he reaccionado mucho peor detrás del volante. He encarado, y defendido mi derecho a pasar. Pero ayer, la única vez en mucho tiempo que lo único que quería era pasar sin molestar a nadie, pasa esto... en serio creí que me agrederían (de hecho, lo hicieron). Actuaron como masa, contra mí que iba sola.

Volví a perder la confianza, a sentirme insegura en la calle.

Admito mi locura, pero no hice daño a nadie.

Una loca suelta. Una ciudad loca. Caos allá afuera.


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